Sobre este episodio
El cambio climático no solo altera cuánto llueve, sino también cómo se reparte la lluvia en el tiempo. Un estudio publicado en Nature revela que, desde 1980, las precipitaciones tienden a concentrarse en episodios más intensos separados por periodos secos prolongados. Aunque la cantidad anual de lluvia aumente, el suelo puede disponer de menos agua: los aguaceros favorecen la escorrentía, el encharcamiento y la evaporación, reduciendo la infiltración y el almacenamiento en suelos y acuíferos. Los investigadores advierten de que, con un calentamiento global de 2 °C, millones de personas podrían sufrir condiciones más secas. El estudio plantea una paradoja inquietante: un planeta con lluvias más intensas puede padecer, simultáneamente, más inundaciones, más sequías y menor disponibilidad de agua útil.