Sobre este episodio
Fíjate, siempre solía decir que el principio de la vida es el agua, pero cuando visité por primera vez el Parque Nacional de Timanfaya y caminé por las cercanías de las montañas de fuego, me di cuenta de que antes, mucho antes que el agua, estuvo el fuego. Y el agua seguirá siendo la madre de la vida al formarse en ella el primer aminoácido, pero nuestro abuelo es el fuego que hay en las entrañas de la tierra y que de repente escupe su enorme potencia como ocurrió no hace mucho en la isla de La Palma. Sí, tenemos ahí el Teide, pero el Teide parece demasiado civilizado, como si se hubiera resignado a la jubilación, mientras que en Timanfaya, en ese espacio de polvo y lava, sientes las huellas de esa inmensa caldera de brasas en movimiento que hay en el interior del planeta en el que vivimos. Recuerdo una conversación con mi amigo Manuel Toaria, a raíz del propio nombre, Timanfaya, que significa montaña que supura. Una denominación cortés, porque el llamarle supurar a esa ...