Sobre este episodio
Hace ya un lustro, tiempo suficiente para que nos olie?ramos la tostada, que algunas grandes superficies, no todas, descubrieron la cuadratura del escaqueo: ahorrarse el salario mi?nimo de las cajeras instalando cajas de autocobro, so pretexto de aligerarles la carga de trabajo. La an?agaza exigi?a que, para colmo, el parroquiano ejerciese gratis de cajero, reponedor y embolsador, y encima agradecido por franquear el po?rtico del futuro. A otro perro con ese hueso. Lo ma?s grotesco del asunto es que la cosa sucedio? poco despue?s de la pandemia, a lo largo de la cual aspeventa?bamos en el balco?n, aplaudiendo a los trabajadores esenciales. Dad palmas si cree?is en las hadas, ordenaba Peter Pan, y aqui? el cuento de hadas fue asumir que se iba a respetar a esos mismos curritos a los que, a renglo?n seguido, se troco? por una pantalla. Celebro como un triunfo que algunos supermercados den ahora marcha atra?s y sustituyan las maquinitas por trabajadores, aunque no fui el u?nico en librar esta batalla: vi a no pocas abuelas, con el monedero de cremallera bien apretado en el pecho, esquivando desafiantes la terminal de autopago. Lo llamamos comercio de proximidad, pero pro?ximo viene de pro?jimo, y de nada sirve que la tienda quede a dos metros de casa si no nos atiende una persona con ojos y cara sino C3PO o R2D2.