Sobre este episodio
Solemne es el ti?tulo de la novela de autoficcio?n de Santos Cerda?n, La cai?da, que ya tiene cuajo titularla como la novela de Camus. El te?rmino «solemne» viene de sollus annus, todo el an?o, porque solemne es aquello para lo que uno se pasa el an?o aguardando y lustrando los zapatos: el cotillo?n de Nochevieja, la cabalgata de Reyes, la corrida de Beneficencia, una boda con photocall, cosas asi?. De ahi? que resulte tan co?mico el solemne fuera de temporada, el baranda que se presenta endomingado un jueves por la man?ana como si le fueran a prender el Toiso?n de Oro. El libro de Santos no pasara? a la historia como un hito de la literatura carcelaria ni esta? a la altura de Koestler o de Solzhenitzyn, pero nos deja una ensen?anza filoso?fica. No se? si te has fijado, Carlos, en el hecho de que el adjetivo solemne siempre acompan?a un insulto, nunca un elogio. Uno puede ser un solemne majadero o un tonto solemne, pero nunca "un solemne tipo estupendo", "una solemne gran amiga". La solemnidad es la mitra de carto?n piedra, el capelo cardenalicio que se pone el ma?s bobo cuando quiere que le hablen de usted o le besen el anillo. Con la solemnidad pasa como con el smoking: uno se lo calza y se cree Von Karajan, presto para dirigir la Filarmo?nica de Berli?n, y en realidad parece el mayordomo del conde Dra?cula. Por eso, porque abjuro de la solemnidad, esta noche pienso acudir a los premios Cavia con mis playeras J´hayber y mi camiseta del Xacobeo 93.