Las galaxias no tienen bordes definidos, por lo que medir su tamaño resulta más complejo de lo que parece. Sus estrellas se vuelven cada vez más escasas hasta confundirse con el fondo del universo. Para establecer sus dimensiones, los astrónomos utilizan criterios convencionales, como las isofotas, que delimitan regiones de igual brillo. Las observaciones revelan una enorme variedad de tamaños: desde pequeñas galaxias ultradébiles con apenas unas miles de estrellas hasta gigantescas galaxias que han crecido durante miles de millones de años absorbiendo otras vecinas. Algunas radiogalaxias presentan además enormes lóbulos de plasma que se extienden a distancias extraordinarias. Las galaxias forman cúmulos y estructuras inmensas, como el Big Ring, cuya existencia plantea nuevas preguntas sobre la evolución y la estructura del universo.