¿Qué pasaría si mañana no pudieras trabajar durante dos semanas? No por vacaciones planificadas, sino porque algo imprevisto te lo impide. Detente un momento en esa imagen. ¿Qué ves? Si lo primero que sientes es alivio, señal de que algo funciona bien. Pero si lo primero que piensas es que todo se vendría abajo, que hay tareas que nadie más puede resolver, que tu equipo no sabría por dónde empezar sin ti... eso no es indispensabilidad. Es la trampa más cara del liderazgo. Y hoy vamos a hablar de cómo salir de ella.