¿Te suena familiar esta historia?: Diciembre, última semana del año. Te sientas con tu café, abres el cuaderno y escribes con convicción: «Este año sí. Voy a hacer ejercicio tres veces por semana. Voy a comer mejor. Voy a leer más. Voy a ahorrar dinero.» Cierras el cuaderno, sientes esa chispa de esperanza renovada. Te imaginas en junio, transformado, victorioso. Y entonces llega febrero y… bueno, el cuaderno está en algún cajón, enterrado bajo facturas. ¿Por qué nos pasa esto año tras año? ¿Por qué repetimos el mismo ciclo sabiendo cómo va a terminar?