Sobre este episodio
Muchos creemos que entregar nuestra voluntad a Dios nos hace perder integridad, y por eso intentamos controlarlo todo en nuestra vida. Pero la entrega total trae libertad: cuanto más dependemos de Dios para tener paz, menos lo hacemos de nuestras circunstancias. No podemos dirigir nuestro propio “show”, ni tampoco vivir pasivamente “esperando Su voluntad”. La verdadera entrega renuncia al ego, no a la iniciativa. Lejos de frenar la acción, nos da una base firme y alinea nuestra determinación con lo que a Dios le importa, no con nuestros deseos.