Sobre este episodio
Dios tiene la capacidad de tomar tus mayores errores y tus heridas más profundas, y usarlos para convertirte en Su mensajero... siempre que dejes de esconderte detrás de una máscara. Para desarrollar un verdadero apego divino, tienes que ser brutalmente honesto, como la mujer samaritana. Ella tuvo que confrontar su propia historia, su soledad y su rechazo para poder establecer una conexión real con el Señor. Sólo cuando decidas apegarte al Padre -de verdad y sin reservas- podrás sanar y recuperarte de las heridas que arrastras desde la niñez.