Sobre este episodio
La depresión no tiene por qué aplastarnos ni dominarnos. Si estamos sumidos en la oscuridad de la desesperación o al borde del agotamiento, escuchemos con atención: puede que oigamos a Dios llamándonos con un susurro para rescatarnos del pozo; no estamos condenados a quedarnos allí. Necesitamos abrir nuestro corazón para experimentar otra vez Su Presencia y permitir que Su Palabra renueve nuestra alma cansada. Recordemos que el Señor nos ama y le fascina restaurar a quienes tienen la mente quebrantada.